El arbitraje es un método privado para la solución de disputas en el que las partes interesadas se someten voluntariamente a la tutela de un tercero de su confianza "el árbitro" para que les escuche y resuelva definitivamente sus diferencias de criterio. El arbitraje, por lo tanto, sirve para resolver disputas entre empresas o entre particulares. Para ser válido, la Ley de Arbitraje exige que ambas partes pacten el arbitraje previa y libremente, y que se comprometan a acatar la decisión del árbitro.
Entre sus ventajas, destacan:
- La rapidez procesal. Lo cual se traduce en un importante ahorro de tiempo y dinero.
- Flexibilidad. Ambas partes pueden elegir el número de árbitros. También pueden elegir las fechas de audiencia o el lugar donde se celebrarán las audiencias.
- Profesionalidad e imparcialidad. Las partes cuentan con una administración experimentada y con árbitros imparciales y expertos en el campo de la propia disputa. El árbitro no es un profesional del arbitraje, sino un profesional independiente que pone su experiencia al servicio de las partes cuando requieran sus servicios.
- Privacidad. Hoy día, dada la creciente internacionalización y globalización en el mundo empresarial, asistimos a acuerdos de cooperación entre empresas en las que el secreto industrial tiene una particular relevancia. El arbitraje, al ser parte de un contrato privado, y al ser esencialmente un sistema de solución de disputas privado, garantiza la privacidad del asunto o de los asuntos que sean objeto de discrepancia entre las partes. Tanto la administradora como el árbitro tienen obligación de no divulgar dato alguno sobre el asunto que se les encomiende.