|
ElPeriódico
Una
ha podido morir en paz. A la otra le espera una larga y dolorosa
agonía. El destino de dos mujeres británicas, que
nunca llegaron a conocerse, quedó ayer unido para siempre
en la batalla legal a favor de la eutanasia en el Reino Unido.
La primera, conocida sólo con el nombre de Miss B, una
mujer tetrapléjica que no quería pasar el resto
de su vida postrada en un lecho de hospital, falleció ayer
mientras dormía.
Los médicos habían desconectado la máquina
que la ayudaba a respirar. El pasado 22 de marzo, Miss B había
logrado, en un fallo histórico, que la justicia británica
le reconociera el derecho a reclamar que los aparatos que la mantenían
viva le fueran retirados sí así lo requería.
DECISION
UNANIME
Ayer, cuando su deseo se vio cumplido, otra paciente terminal,
Dianne Pretty, supo que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo
le niega la potestad de que su marido la ayude a suicidarse. Ese
es para ella un privilegio que dada su incapacidad física
no puede hacer por sí sola. En la sentencia, adoptada por
unanimidad por los siete magistrados, se rechazaba la reclamación
de que la justicia británica había obrado erróneamente
al negarle la ayuda para quitarse la vida.
La
ley me ha despojado de todos mis derechos", alcanzó
a decir Pretty, con la voz metálica y entrecortada, procedente
del ordenador, con el que a duras penas puede comunicarse. Desde
su silla de ruedas y socorrida con cariño por su marido,
Brian, que a cada momento le limpiaba los labios con un pañuelo,
la enferma presidió una multitudinaria conferencia de prensa.
La sentencia de Estrasburgo, hecha pública en un tiempo
récord de sólo seis semanas, era para ella el último
recurso después de una larga contienda legal. Antes de
acudir a la capital alsaciana, la enferma había presentado
su reclamación ante las tres instancias judiciales británicas,
incluido el máximo órgano legislativo de la Cámara
de los Lores.
"Mi
cliente esperaba que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos fuera
más valiente que los tribunales británicos, pero
no ha sido así", declaró con amargura Nona
Arhi, la abogada de Pretty.
MUCHAS
SIMILITUDES
¿Por qué la justicia niega a Dianne Pretty el derecho
a morir, que en cambio sí concedió a Miss B? Las
similitudes entre las dos mujeres son muchas. Ambas de 43 años,
paralizadas desde el cuello y conservando sus plenas facultades
mentales. Desde el punto de vista de los jueces, sin embargo,
hay una diferencia fundamental entre los dos casos.
En el primero, para terminar con su vida, Dianne Pretty necesita
la intervención activa de otra persona. En el caso de Miss
B, lo que solicitó fue que se le suprimiera el tratamiento
médico, es decir, desconectar el ventilador que la permitía
respirar. Las disquisiciones legales no pueden ocultar sin embargo
una misma reclamación moral: el poder elegir una muerte
digna. Según Deborath Annetts, de la Sociedad en Defensa
de la Eutanasia Voluntaria, estos veredictos discrepantes son
una muestra de que hace falta una reforma legal en el Reino Unido.
"La actual ley no sirve ni para Dianne ni para personas más
vulnerables", señaló Annetts. "Hay 25.000
casos de eutanasia no voluntaria en este país cada año.
Eso demuestra que la ley no funciona", añadió.
Los abogados que representan a las autoridades británicas,
sin embargo, afirman que el deber de éstas es velar por
la vida de los más desprotegidos. Así piensa también
la Alianza de Etica Médica, para la que reconocer el derecho
a morir sería abrir la puerta a posibles abusos contra
ancianos y minusválidos.
No es, en cambio, lo que cree Phil Duch, un hombre paralizado
por una enfermedad degenerativa. Decepcionado con el fallo de
Estrasburgo, Duch anunció ayer que dejará de comer
e ingerir líquidos para acelerar su muerte y terminar con
el sufrimiento al que está sometido.
Las vías legales se han agotado pero para el matrimonio
Pretty la lucha continúa. La pareja ha lanzado una campaña
de movilización ciudadana llamada Justicia por Diana .
El objetivo es recoger millones de firmas para exigir al Gobierno
de Blair que reforme las leyes actuales.
|