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La
Vanguardia
El
ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, en colaboración
con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el de
Economía, Rodrigo Rato, ultima la tercera fase de la reforma
laboral que se aprobará en los próximos meses para
que entre en vigor antes del próximo año.
Esta
nueva fase de la reforma se centrará en la reducción
de la fiscalidad del empleo, modificaciones en el sistema de reforma
de la protección social encaminada a fomentar la búsqueda
de empleo por los parados, el incremento de la productividad y
el aumento de la movilidad geográfica y funcional. También
se pretende terminar con el sistema de prejubilaciones e incrementar
el porcentaje de población activa entre los mayores de
55 años.
Trabajo
está elaborando una serie de medidas dirigidas a estimular
la búsqueda de empleo de los parados. Los técnicos
del Banco de España habían recomendado rebajar el
periodo de cobro del seguro de desempleo fijado en la actualidad
en 12 meses prorrogables otros 12. La idea era que los desempleados
no empiezan a buscar un empleo hasta que se les agotan las prestaciones.
Según esos técnicos, esta situación provoca
que en determinada áreas geográficas coexistan un
elevado número de desempleados y una fuerte demanda de
mano de obra que tiene que cubrirse con trabajadores extranjeros.
Trabajo,
sin embargo, no aceptó estas recomendaciones por entender
que serían como una declaración de guerra a los
sindicatos y pondría en peligro todo el proceso de concertación
social. Ésta es la razón por la que se ha decidido
aprovechar la reforma del IRPF que se aprobará en los próximos
meses para introducir una rebaja de los impuestos a los parados
que acepten un puesto de trabajo de una categoría profesional
inferior a la suya o fuera de su área geográfica.
Hacienda
cree que se favorecerá un ahorro para el Estado, al recortar
el tiempo de percepción del seguro de paro, y que obtendrá
más ingresos por cotizaciones sociales. Ambos factores
compensarían el coste fiscal. Esta fórmula ya ha
sido puesta en práctica en Alemania con cierto éxito.
La
segunda medida dentro de las recomendaciones europeas de reducir
la fiscalidad del empleo es la rebaja de las cotizaciones a la
Seguridad Social. El Gobierno rechaza una rebaja generalizada
como la pedida por la patronal CEOE aprovechando el fuerte superávit
de 5.500 millones de euros que el año pasado alcanzó
el sistema público de pensiones. La estrategia elegida
es una rebaja selectiva, reduciendo el coste laboral no salarial
de los contratos de mujeres para incrementar la tasa de actividad
femenina, parados de larga duración, trabajadores maduros
y jóvenes. También se rebajarán las cotizaciones
para los nuevos contratos fijos con el objetivo de reducir la
tasa de precariedad que sigue instalada en el 32% del total.
El
tercer elemento es lograr empleos rentables. De tal manera que
los salarios se liguen cada vez más a la productividad
de cada trabajador. Para ello se quiere potenciar la formación
profesional continua, de forma que a los trabajadores de baja
cualificación sus propias empresas los preparen para utilizar
medios de producción cada vez más avanzados. No
aceptar este tipo de cursos de formación supondría
salarios más bajos.
Uno
de los elementos más importantes que prepara el Gobierno
es incrementar la movilidad geográfica y funcional. Para
ello se pretende reformar el Instituto Nacional de Empleo (Inem)
de forma que se conviertan en auténticos intermediarios
y no en simples pagadores del seguro de paro. El Gobierno argumenta
que no es posible que la tasa de desempleo en algunas autonomías
como Cataluña apenas alcance el 7% y en Andalucía
se acerque al 20%. Para evitar estas diferencias se pretende que
las ofertas de trabajo que existen en las autonomías con
mayor crecimiento económico se conozcan en todo el territorio,
para que sean accesibles a todos. Paralelamente, se facilitarán
ayudas fiscales para que el cambio de residencia resulte rentable
y compense el incremento de gastos en vivienda. En la formación
profesional se mejorarán los recursos.
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