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Suele
decirse que el colegio es "nuestro segundo hogar", no
sólo porque en él transcurren varios años de
la vida de cada persona, sino también atendiendo a su importancia
en nuestra formación que se traduce en conocimientos, aptitudes,
habilidades y valores. Así, el colegio nos acoge durante
nuestro paso por la educación inicial, primaria y secundaria,
recibiéndonos como niños y despidiéndonos como
jóvenes. En ese sentido, lo aprehendido en el colegio detenta
notoria trascendencia y, como resulta obvio, nos prepara para la
vida.
Una
crítica frecuente al sistema educativo es su carácter
tradicional, rígido y memorista, de modo que el esquema
se torna demasiado simplista: el profesor es quien da conocimientos
y el alumno es quien los recibe, agudizándose el problema
cuando aquellos conocimientos son eminentemente teóricos
y carecen de un adecuado sustrato práctico y/o empírico.
Felizmente, desde hace un tiempo, esta situación empezó
a cambiar por "una enseñanza más real"
y, en este orden de ideas, antiguas asignaturas recobraron esplendor
(como la Historia con las recientes dictaduras latinoamericanas,
la Economía con la crisis asiática, la Geografía
con el Fenómeno del Niño y la Biología con
el genoma humano), mientras que al mismo tiempo surgieron otras
que cada vez logran mayor acogida (como el Inglés, la Informática
y la Gestión Empresarial).
Actualmente,
el fenómeno empresarial tiene una importancia inusitada,
su presencia es revolucionaria y se ha tornado en el eje central
de la vida económica moderna. Las ideas imperantes en el
mundo de los negocios propician un escenario de libertad empresarial,
iniciativa privada, libre competencia, seguridad jurídica,
transparencia en el mercado, igualdad de oportunidades, formalización
de las empresas y promoción de las inversiones. Todos aquellos
quienes participan en el mercado merecen la protección
de sus legítimos intereses, bien sean inversionistas, trabajadores,
acreedores, consumidores, el Estado o la propia comunidad en su
conjunto; esto se logra con un adecuado sistema de gobierno corporativo.
La
empresa es "un organismo vivo". Sí, lo es y que
no quepa ninguna duda. La empresa presenta un ciclo de vida claramente
apreciable: nace (cuando se constituye, inicia sus operaciones
y lanza productos o servicios), crece (cuando empieza a captar
parte del mercado, desplazando paulatinamente a la competencia),
se desarrolla (cuando se expande a nivel nacional, regional y
mundial, formando alianzas estratégicas o incursionando
en nuevas actividades económicas) y muere (cuando cae en
falencia económica, se disuelve, liquida y extingue). Apréciese,
entonces y como se mencionó anteriormente, que la empresa
es "un organismo vivo". Y gran parte de esa fuerza o
energía vital proviene del empresario, cuyo aporte más
significativo no es el dinero, la infraestructura o la maquinaria,
sino su actividad organizadora; ésta hace que la empresa
sea, ante todo, una organización, empero no una organización
estática (donde sus elementos integrantes aparecen en una
suerte de fotografía), sino una organización dinámica
(en la cual sus elementos integrantes son parte de una película).
Por
las razones antes expuestas, la enseñanza empresarial ha
incursionado dentro del sistema educativo. Esto es apreciable,
por ejemplo, en sede universitaria en las Facultades de Derecho
o Ingeniería Industrial (en las que se dictan cursos como
Derecho de la Empresa), así como en la aparición
de diversas Maestrías con especial incidencia en el ámbito
empresarial (el MBA es cada vez más constante); igual sucede
en los Institutos de Educación Superior donde las llamadas
"carreras cortas" (como Contabilidad o Administración)
incluyen dentro de su currícula a cursos de tendencia empresarial
(tales como Negociación o Marketing); situación
semejante se aprecia en las Academias donde los estudiantes de
Asistente de Gerencia o Secretariado Comercial (sólo por
mencionar algunos casos) llevan asignaturas como Legislación
Empresarial. Si esta tendencia ha ido extendiéndose de
la manera explicada es natural pensar que también llegaría
a la etapa escolar y, efectivamente, así se produjo y continúa
produciéndose.
Utilizando
una expresión coloquial, diremos que el colegio puede convertirse
en "una escuelita de negocios"; es más, no sólo
"puede", sino que "debe" hacerlo. Desde que
el alumno ingresa al nivel inicial es necesario despertar en él
la vocación empresarial, la misma que será conducida,
redefinida y/o cimentada a lo largo de la educación primaria
y secundaria. Diversas actividades contribuirán a lograr
este propósito: desde los simples juegos infantiles (como
"el Banco") hasta la realización de proyectos
empresariales que compitan entre sí, desde la fabricación
de productos hasta los simulacros de negociación, desde
la venta de artículos diversos hasta los juegos de Bolsa
y desde el estudio previo del mercado hasta el análisis
de estados financieros. Pero, ¿qué debe trasmitir
el colegio a sus estudiantes para que se constituya en un centro
de enseñanza empresarial?. La respuesta es simple: valores
y principios; también conocimientos, pero éstos
resultan accesorios al lado de los anteriores.
El
empresario debe saber trabajar en equipo porque es la forma de
aunar esfuerzos y conseguir un mayor crecimiento. Empero, para
esto, hay que ser tolerante con las opiniones ajenas, firme con
las propias convicciones, respetuoso cuando se discrepe y forjar
una capacidad de liderazgo. La ética es imprescindible
para que no existan condicionamientos negativos (endógenos
o exógenos) y a efectos de lograr actuar en un mercado
transparente con transacciones incuestionables e información
adecuada. Debe tenerse muy en claro el riesgo como elemento consustancial
a la actividad empresarial para valorarlo en su real dimensión
y ser prudente en las decisiones que se adopten. La creatividad
debe estar siempre presente para ofrecer productos y/o servicios
nuevos que satisfagan las expectativas del cliente, con ideas
innovadoras y valor agregado. Respetar los intereses ajenos será
un objetivo permanente porque sólo así todos avanzan
y la propia empresa da pasos efectivos hacia adelante. Asumir
una responsabilidad social y, en este sentido, proteger el medio
ambiente y adoptar un rol protagónico en el quehacer nacional
hace que la empresa sea un pilar de la sociedad.
La
Gestión Empresarial es una asignatura que pretende colmar
las expectativas antedichas en los alumnos que cursan estudios
escolares. Lamentablemente, son aún muy pocos los colegios
que ya la incluyen dentro de su currícula y quienes lo
hacen todavía no le confieren la debida atención.
Es menester que los directivos entiendan la importancia creciente
del fenómeno empresarial, lo que se torna más trascendente
en el actual mundo globalizado. Toda persona, por cultura general,
debe estar preparada para ofrecer una opinión sustentada,
por ejemplo, sobre el escándalo de la megaempresa estadounidense
Enron que involucra a la consultora internacional Arthur Andersen
o sobre los litigios que afectan a Microsoft por supuesto abuso
de su posición dominante o sobre el retiro sistemático
del Grupo Santander de Latinoamérica; son acontecimientos
empresariales que forman parte de las noticias diarias y que bien
podrían ser analizados, por ejemplo, por alumnos del nivel
secundario.
DANIEL
ECHAIZ MORENO.
Profesor de la Universidad de San Martín de Porres.
Gerente del Centro de Consultoría Empresarial Consultex.
E-mail: danielechaiz@yahoo.com
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